Aun no salgo de mi país natal en la vida.
Cuando era niña tuve una madrina internacional, su nombre era Isabel, como el mio, supongo que me escogió por lo mismo. Como fuera, era una señora adorable y adorada para mi, vivía en Finlandia y sólo el nombre de su país hacía que mi imaginación llegara hasta "el fin del mundo". Ella hablaba francés, pero me escribía en español, un español extraño, muy formal, con tenía muchas complicaciones al tratar de contarme sus aventuras de señora con más de sesenta años. De todas formas siempre lograba interesarme con sus relatos, y yo, por mi parte, contestaba sus cartas con mi español igual de formal y complicado al tratar de contar mis historias de niña de menos de diez años, a veces para que me entendiera mejor, junto con las cartas, le enviaba dibujos. Estas cartas no fueron mis primeras cartas, desde pequeña existía en mi vida gente querida para mi que vivía muy lejos, mis abuelos vivieron toda su vida en Santiago, mientras yo vivía a ochocientos kilómetros al sur, en Valdivia.
Por lo que entiendo, Finlandia es un país moderno y austero, les encanta invertir en educación, el mejor lugar en el mundo para educar un niño desde hace cincuenta años es Finlandia. Los niños que se han educado en colegios finlandeses centrados en el desarrollo del niño, son ahora adultos que dirigen el país.
Esto es lo que se de Finlandia...
Lo que me imagino de Finlandia es otra cosa, cuando era niña, mi hermana hablaba de los países nórdicos con miedo y admiración. Siempre decía que le hubiera gustado nacer en algún país como Noruega, Finlandia, Irlanda. Pero que si hubiera nacido allí la habrían discriminado mucho, hasta el punto que en su adolescencia no hubiera podido salir tranquila de noche a la calle por que bandas de nórdicos recorrían las calles al anochecer golpeando y matando a cualquiera que no fuera de su raza. Supongo que su imaginación estaba demasiado influida por los relatos Vikingos.
Siempre pienso en Finlandia con un ambiente muy parecido al cual estoy acostumbrada pero con más comodidades, cuando era niña me imaginaba grandes campos verdes, con muchos arboles en donde subir cuando estuviera aburrida y muchos amigos. Una casa cómoda y temperada en todo momento, y mis abuelos preocupándose de todos los problemas cotidianos de la vida.
Todo siempre se dividió en tres, pero no hablo de porciones, sino de lugares.
Estaba mi casa, la que oficialmente era mi casa, en un barrio medianamente pobre en Valdivia, donde vivían mis siempre queridos amigos.
Estaba la casa de los padre de mi madre, mis abuelos maternos, esta estaba en un pueblo llamado Paillaco, a cincuenta kilómetros de Valdivia.
Y también estaba la casa de los padre de mi padre, en Providencia, una comuna bastante acomodada de Santiago.