Hoy es un día de esos en los que pienso que definitivamente he tenido una buena vida.
Después de la ducha, voy arriba a vestirme a mi pieza, me doy cuenta que mi ventana está un poco abierta por lo que me acerco a cerrarla. Me doy cuenta, en ese momento, que hay hombres en el techo de una casa cercana haciendo un agregado, me inquieto un poco y me alejo de la ventana para vestirme, mientras busco en el closet la ropa que me pondré hoy para ir a trabajar pienso en lo bueno que sería saber construir y poder hacer arreglos en mi casa o una casa con las medidas que yo quisiera, de la forma que se acomodara mejor a mi forma de vida y lo mejor sería que estaría hecha por mí.
Vuelvo a echar una ojeada a la ventana mientras me visto, desde lejos. Se me viene a la memoria una imagen de niñez, recuerdo una ocasión en la que llegué temprano del colegio, o tal vez no fui, no lo recuerdo bien, pero si recuerdo que acerqué una silla a la ventana de mi pieza, esta misma ventana, sólo para ver pasar a un par de niños cuando volvieran del colegio. Patricio, mi amigo de la niñez y Cristian, su amigo desde hacía un par de años. Creo que finalmente no los ví pasar, pero recuerdo ese momento sentada cerca de la ventana, esperando y pensando un poco en uno y un poco en el otro.