miércoles, 20 de abril de 2011

Irlanda

En algún momento en la vida decidí escribir para ganarme la vida, luego pasó el tiempo y escribí para retirar de mi cabeza tantos pensamientos, escribir se transformó en una terapia y un poco más que eso, mas bien una adicción, escribia y pensaba que mientras más escribía más cosas pasaban, el futuro estaba más cerca y la vida fluía, hasta que llegó el momento en que dejé de escribir, comencé a hacer cosas, a dejar que lo que podía imaginar y plasmar en el papel me pasara un poco a mi y un poco a mi alrededor, entonces vino un colapso, un cambio, un estruendo, que como todo gran estruendo piensas que durará demasiado, dejé de escribir antes y seguí optando por dejar de escribir en aquel momento, igual a un alcóholico o un adicto a alguna sustancia que vive todo el resto de su vida tratando de no recaer, comenzé a controlar o almenos a tratar de controlar un poco mi cabeza y esas ansias de inventar mundos en el aire pero todo comenzó a ser muy aburrido, plano y sin sentido, dejé de ser feliz y pasé hasta el otro extremo, a una infelicidad angustiante, desdesperante. Habría dado lo que me pidieran para lograr sacar esa sensacion de vacio que ocupaba mi vida, mi pecho, mi corazon y sobre todo mi cabeza, lo unico que percistía era la angustia...

martes, 1 de marzo de 2011

Quiero ir a Irlanda.

Aun no salgo de mi país natal en la vida.

Cuando era niña tuve una madrina internacional, su nombre era Isabel, como el mio, supongo que me escogió por lo mismo. Como fuera, era una señora adorable y adorada para mi, vivía en Finlandia y sólo el nombre de su país hacía que mi imaginación llegara hasta "el fin del mundo". Ella hablaba francés, pero me escribía en español, un español extraño, muy formal, con tenía muchas complicaciones al tratar de contarme sus aventuras de señora con más de sesenta años. De todas formas siempre lograba interesarme con sus relatos, y yo, por mi parte, contestaba sus cartas con mi español igual de formal y complicado al tratar de contar mis historias de niña de menos de diez años, a veces para que me entendiera mejor, junto con las cartas, le enviaba dibujos. Estas cartas no fueron mis primeras cartas, desde pequeña existía en mi vida gente querida para mi que vivía muy lejos, mis abuelos vivieron toda su vida en Santiago, mientras yo vivía a ochocientos kilómetros al sur, en Valdivia.

Por lo que entiendo, Finlandia es un país moderno y austero, les encanta invertir en educación, el mejor lugar en el mundo para educar un niño desde hace cincuenta años es Finlandia. Los niños que se han educado en colegios finlandeses centrados en el desarrollo del niño, son ahora adultos que dirigen el país.

Esto es lo que se de Finlandia...

Lo que me imagino de Finlandia es otra cosa, cuando era niña, mi hermana hablaba de los países nórdicos con miedo y admiración. Siempre decía que le hubiera gustado nacer en algún país como Noruega, Finlandia, Irlanda. Pero que si hubiera nacido allí la habrían discriminado mucho, hasta el punto que en su adolescencia no hubiera podido salir tranquila de noche a la calle por que bandas de nórdicos recorrían las calles al anochecer golpeando y matando a cualquiera que no fuera de su raza. Supongo que su imaginación estaba demasiado influida por los relatos Vikingos.

Siempre pienso en Finlandia con un ambiente muy parecido al cual estoy acostumbrada pero con más comodidades, cuando era niña me imaginaba grandes campos verdes, con muchos arboles en donde subir cuando estuviera aburrida y muchos amigos. Una casa cómoda y temperada en todo momento, y mis abuelos preocupándose de todos los problemas cotidianos de la vida.

Todo siempre se dividió en tres, pero no hablo de porciones, sino de lugares.
 Estaba mi casa, la que oficialmente era mi casa, en un barrio medianamente pobre en Valdivia, donde vivían mis siempre queridos amigos.
Estaba la casa de los padre de mi madre, mis abuelos maternos, esta estaba en un pueblo llamado Paillaco, a cincuenta kilómetros de Valdivia.
Y también estaba la casa de los padre de mi padre, en Providencia, una comuna bastante acomodada de Santiago.

domingo, 13 de febrero de 2011

Otro mal día

Ver a mi hermana fue ver a mi hermana.

Si cuando teníamos menos de 15 años no peleábamos, fue solo porque no me interesaba en lo absoluto mi hermana.

Siempre fue una amargada, ahora han cambiado las cosas, somos las dos unas amargadas. Ella por no tener los lujos que quisiera, yo por no lograr dedicarme a lo que quiero. Ok, seré justa, la verdad es que a mi hermana también la corroe el no poder dedicarse a lo que quiere.

Como ella es una amargada desde hace más tiempo que yo, ocupa más los recursos de las amargadas, gritar, acusar a cualquiera que esté cerca, tratar de quedar libre de críticas diciendo que ella es la mayor, y por último, lo que más odié, decir lo mal que me ha ido a mi y lo amarga que me he puesto.

La discusión en sí, fue una de esas discusiones en las que sabes que la relación cambia, que no va haber espacio para nuevos intereses en común, o celebraciones en conjunto, ni siquiera saludos de cortesía. Extrañamente, la ruptura no me altera. La pelea me altera, obviamente, la ruptura no.

Las peleas siempre me alteran, siempre he creído que en el interior no soy una persona violenta, cuando discuto me duele enseguida el estomago, la espalda, la cabeza, y finalmente lo único que quiero es acostarme y dormir. Aunque con los años si he tenido episodios violentos, ridículos y violentos.

sábado, 8 de enero de 2011

Tú, mi ocio:

Fácilmente hace dos semanas que no hablo contigo, si tuviera un poco más de valor o un poco menos de inseguridad te escribiría al menos un mensaje de texto. Si tuviera el pedazo de papel craf de tu primera encomienda de hace seis años te enviaría una carta. Que estúpidas rarezas en mis conceptos que una carta llegando a la puerta de tu casa me parezca menos invasiva que un simple, pequeño y conciso mensaje de texto. Pero es así, una carta llegaría elegantemente, tranquila y limpia, en cambio un mensaje seria delator. Lo último que pensé es en hacer las dos cosas, un mensaje para pedir tu dirección declarando que tengo un perfume nuevo que necesito que evalúes y unos días después la delicadeza de un sobrio pero perfecto sobre con una limpia escritura, el toque de insinuación se lo daría el perfume de violetas. El perfecto final para la apertura del sobre.
El plan tendrá que esperar a mañana, hoy ya es muy tarde.

Después:

Pasaron diez años desde la última vez que te vi, te extrañé, pensé en ti muchas veces durante mi recorrido por el mundo, pensé a ratos en que te habías muerto. 
Hasta escribí un cuento del momento de tu muerte, fue cursi y predecible, por supuesto que era una exageración, no tenía ninguna razón para pensarlo, pero era mejor pensarlo a nada.

En el peor momento de mi vida, cuando ya llevo un buen trecho del peor momento de mi vida, peleando sola y justo cuando estaba dándome por vencida y resignándome a ser infeliz por toda mi eternidad, cruzas una puerta cualquiera y por inercia, como cuando se abre cualquier puerta, miro y entras tú.


Claro que has cambiado, pero cuando ves el primer segundo de esa ojada de inercia solo es eso, una ojeada, una imagen que tu cerebro compara con las imágenes guardadas en tu cabeza por años y años y te encuentra en algún recuerdo similar para decirme en un microsegundo que eres tú, entrando por aquella puerta en la coincidencia de la inercia de la ojeada y la puerta abriéndose y tú entrando.
Como en el microsegundo de respuesta de mi cerebro volví la cabeza para darte la espalda en un acto reflejo, ya que casi siempre una situación como esta termina en un personaje sin importancia entrando a la habitación, me hice la tonta por un segundo, saludaste a alguien, lo escuché detrás mío, te escuche detrás mío pero no volteé. Esperé porque estaba parada en el umbral de la siguiente puerta que si o si debías cruzar. Me saludaste dudoso, pero dame un abrazo, te dije, total no te veía hace diez años.
Quizá pasen diez más.

Ese día hablamos por horas, como antes, hablaste durante horas, yo sólo quería escuchar. Sonreía y escuchaba.

Yo:

Gritando te pedía que explicaras por qué tenía que sufrir tanto, cansarme tanto, trabajar tanto mientras tú solo te sentabas en el sillón a tomar cerveza con tus amigos, hacías lo justo y necesario o lo que tu creías justo y necesario por nuestra relación. Tus respuestas eran vagas hasta que descubriste la respuesta más tonta y de alguna manera mas cierta que he escuchado.
-porque eres mujer- gritaste.

Cuando era niña las personas me veían pasar con mi madre y le decían "que lindo su hijito", esto básicamente ocurría por que mi madre, con muy poca paciencia, cortaba mis nudos del pelo para no tener que peinarlos, entonces, hasta que comencé a peinarme sola, lucía un precioso peinado "afro", igual a un niño, todo el tiempo.