domingo, 13 de febrero de 2011

Otro mal día

Ver a mi hermana fue ver a mi hermana.

Si cuando teníamos menos de 15 años no peleábamos, fue solo porque no me interesaba en lo absoluto mi hermana.

Siempre fue una amargada, ahora han cambiado las cosas, somos las dos unas amargadas. Ella por no tener los lujos que quisiera, yo por no lograr dedicarme a lo que quiero. Ok, seré justa, la verdad es que a mi hermana también la corroe el no poder dedicarse a lo que quiere.

Como ella es una amargada desde hace más tiempo que yo, ocupa más los recursos de las amargadas, gritar, acusar a cualquiera que esté cerca, tratar de quedar libre de críticas diciendo que ella es la mayor, y por último, lo que más odié, decir lo mal que me ha ido a mi y lo amarga que me he puesto.

La discusión en sí, fue una de esas discusiones en las que sabes que la relación cambia, que no va haber espacio para nuevos intereses en común, o celebraciones en conjunto, ni siquiera saludos de cortesía. Extrañamente, la ruptura no me altera. La pelea me altera, obviamente, la ruptura no.

Las peleas siempre me alteran, siempre he creído que en el interior no soy una persona violenta, cuando discuto me duele enseguida el estomago, la espalda, la cabeza, y finalmente lo único que quiero es acostarme y dormir. Aunque con los años si he tenido episodios violentos, ridículos y violentos.

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